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Dra. Glenna Zeak

–  Dr. Glenna Zeak, madre de Head Start, Martinsburg, PA

Mrs. M and Cory

Retrato de una madre de Head Start

La Sra. M era madre de tres niños entre las edades de 1 y 3 años. Pasaba la mayor parte de sus días en casa, cuidando a sus hijos y esperando para ver las telenovelas de la tarde. La Sra. M también era esposa de un alcohólico abusivo. Muchas veces oraba para que su marido llegara a casa y se tirara en el sofá, pero la mayor parte del tiempo, ella terminaba recibiendo una paliza. Una tarde, un representante de Head Start vino a visitarla. La Sra. M estaba avergonzada no solo porque se veía magullada y con moretones, sino también por las condiciones de su casa. El polvo y el desorden no eran los principales problemas; su casa estaba literalmente cayéndose a pedazos. La Sra. M pensó en el agujero en el piso del baño desde donde se veía claramente el sótano. La Sra. M pensó en varias partes de las paredes que su marido había perforado y esperaba que la visitadora de Head Start no le pidiera entrar.

Afortunadamente, no lo hizo. Hablaron en la puerta. La mujer se presentó como Ruth Anne y le dijo que sabía que había niños pequeños en el hogar que podrían ser elegibles para Head Start. La hija mayor de la Sra. M cumpliría 3 años en noviembre, así que era lo suficientemente grande como para comenzar en Head Start. Si inscribían a la niña, la recogerían en el autobús tres días a la semana y pasaría tres horas al día en un aula de preescolar. La Sra. M estaba encantada. Este programa le prometía hacerle la vida un poco más fácil. Después de todo, cuidar a dos niños sería más fácil que encargarse de tres. La Sra. M aceptó la invitación de Ruth Anne y aceptó que su hija comenzara el programa. Con el paso de los meses, su niña mayor parecía estar disfrutando mucho la escuela.

Una tarde, sonó el teléfono y la mujer al otro extremo de la línea se identificó como Romaine, la coordinadora de participación de los padres de Head Start. Romaine invitó a la Sra. M a que fuera al centro el siguiente martes para reunirse con un grupo de padres que estaban planeando una fiesta de Navidad para los niños. La Sra. M. se negó, diciendo que estaba demasiado ocupada ese día. Luego, después de colgar el teléfono, la joven madre volvió al sofá. Un mes más tarde, Romaine llamó otra vez. Dijo que el grupo de padres todavía necesitaba ayuda con la fiesta de Navidad y se ofreció a cuidar a los bebés si la Sra. M estaba de acuerdo en participar. La reunión se celebraría el siguiente martes en el sótano de una iglesia del área. A regañadientes, la Sra. M. asistió. Observó unos minutos, y cuando parecía que se habían logrado pocas cosas, ofreció algunas sugerencias que provocaron una conversación productiva. Todos parecieron relajarse y lograron planificar con éxito la fiesta.

La Sra. M se sintió muy orgullosa de sí misma. No solo había hablado, sino que los otros padres habían escuchado y su opinión había sido valorada. Se alegró de haber ido. Antes de que terminara la reunión, Romaine pidió que este grupo de padres se reuniera una vez al mes para planificar otras actividades para los niños y para proveer apoyo mutuo a los participantes. Romaine también sugirió que el grupo elegiera a un presidente del comité y la Sra. M fue la elegida. La Sra. M estaba eufórica, aunque preocupada por lo que diría su marido. ¿La dejaría él participar? A pesar de sus preocupaciones, la Sra. M aceptó la responsabilidad y se decidió a hacerlo bien. Después de la reunión, el nuevo presidente del comité fue elegido para el papel de algo que se llama representante del Consejo de Políticas. Esta era la junta para la toma de decisiones del programa, que consta de los padres, el director de Head Start y representantes de la comunidad. Pensar en ello era un poco abrumador, pero Romaine le aseguró a la Sra. M que podría simplemente observar las primeras veces. Romaine también expresó confianza en que la joven madre podría manejar la responsabilidad y sobresalir en su nuevo papel.

Mientras consideraba todo esto, la Sra. M decidió simplemente comunicarle sus planes a su esposo. Después de todo, él no estaba en casa durante el día. Esa noche, cuando, nerviosa, trajo el tema a colación y le dio la gran noticia, su esposo estaba demasiado borracho como para prestarle mucha atención. El día de la reunión del Consejo de Políticas, la Sra. M observó, como habían planeado, pero no por mucho tiempo. Alguien se dio cuenta de que había estado ocupada tomando notas durante la reunión y por eso, la Sra. M fue seleccionada como secretaria del grupo. Aunque la Sra. M siempre había sido una persona callada, introvertida y últimamente su autoestima había alcanzado su nivel más bajo, su personalidad comenzó a cambiar con su participación en Head Start. Durante el año, la Sra. M continuó sirviendo como representante del Consejo de Políticas y trabajando en varios otros comités. Al año siguiente, con su segundo hijo matriculado en Head Start, la Sra. M se involucró aun más. Ese año, el Consejo de Políticas había elegido a la Sra. M como representante del estado y presidenta del Consejo de Políticas. Esto significaba que ella asistiría a las reuniones a nivel estatal y sería responsable de compartir y obtener información para el Head Start del condado Blair. A medida que la Sra. M se enfrentaba a esos nuevos desafíos, su confianza en sí misma continuaba creciendo. Pasó otro año y el niño más pequeño de la Sra. M fue matriculado en Head Start. La Sra. M fue elegida de nuevo presidenta del Consejo de Políticas, continuó siendo representante del estado y se convirtió en representante nacional de Head Start. Esto significaba que tendría que hacer un viaje a un congreso nacional en Colorado, una experiencia que fue un despertar para ella.

Alejada de todo el estrés de la casa durante una semana, con los niños al cuidado de la abuela, la Sra. M se dio cuenta de que no tenía que vivir en un entorno abusivo. Vio que era valiosa y valorada. En el congreso, se prometió hacer cambios importantes para bien de sus hijos y para su propio bien. A su regreso a casa, planeó en secreto solicitar el divorcio, pero quería esperar el "momento adecuado". Ese momento llegó demasiado pronto, cuando uno de los episodios de violencia de su marido duró horas. Todo ese tiempo, esperó, con la determinación de que sería la última vez que soportaría este tratamiento. Recurrió a Head Start para buscar ayuda, y Romaine guió a la Sra. M y a sus hijos a cada paso, desde el hospital hasta el abogado y el refugio. Su vida como la esposa de un alcohólico abusivo había terminado, pero apenas había comenzado su vida como maestra de Head Start.

En el otoño, se inscribió en la Universidad Estatal de Pensilvania, donde recibió su licenciatura en educación en la primera infancia. Y volvió a Head Start como maestra, con la esperanza de pagar una deuda de gratitud, dándoles a las familias el cuidado y apoyo que su familia había recibido desde el momento en que Ruth Ann, la representante de Head Start, había llamado a su puerta. Como resultado de sus experiencias de primera mano en Head Start, la Sra. M sabía que las prácticas de participación de los padres de Head Start tenían mucho más que ofrecer a las familias. Había aprendido una lección importante; todo esfuerzo exitoso de participación de los padres se basa en la sinceridad, la amistad y una actitud sin prejuicios. Incluso cuando los padres de los niños en su clase decidían no participar en Head Start en la manera que ella esperaba, la Sra. M no daba por sentado que era por falta de interés o por pereza. En cambio, pensaba en lo diferente que hubiera sido su propia vida si el personal de Head Start no se hubiera tomado el tiempo para buscarla y encontrar diferentes formas de incluirla. ¡Qué desperdicio de potencial humano hubiera sido si los profesionales de Head Start no hubieran descubierto las sutiles fortalezas de la Sra. M, si no hubieran alimentado gradualmente su autoestima y ayudado a educar a sus tres hijos!

En sus interacciones con los padres, la Sra. M intentaba recordar las sensaciones que había experimentado cuando primero se acercó al personal de Head Start; vergüenza sobre sus condiciones de vida, miedo al fracaso, baja autoestima y angustia sobre la situación de su familia. Con los años, la Sra. M pudo entender a Head Start de ambos lados, primero como madre y más tarde como maestra. En la primavera, comenzó su maestría en educación en la primera infancia para poder continuar aprendiendo y desarrollándose como profesional. Todos los detalles de la vida de la Sra. M que se describen en esta historia de Head Start son ciertos. Lo sé, porque yo fui la Sra. M. (Zeak & Reneck-Jalongo, 1996)